Homenaje a Alexander McQueen y reinterpretación de una escena de uno de sus documentales, en la que recurre nuevamente a la metamorfosis: en él, la cara de Alexander se va convirtiendo en una calavera, cubriéndose de un armazón de aves doradas y flores que posteriormente se marchitan. Además, se aprecian elementos comunes de la obra de De Luis, como la mariposa que representa la metamorfosis, los elementos florales con una alta carga simbólica, en la que se mezclan muerte, vida y sexo. La orquídea es aquí nuevamente un símbolo sexual, la amapola el opio que alivia el dolor; los crisantemos, cementerios y la flores de los limones simbolizan la amargura y, finalmente, la polilla que representa la muerte.
Alexander McQueen, un esquizofrénico romántico como él mismo se definía, fue todo un pionero en plasmar en sus creaciones y en la pasarela, lo que muchos llamaban la violencia bella, dicotomía que en cierto modo refiere a un equilibrio en el contraste. En sus creaciones siempre existía un atisbo de sufrimiento y tormento, y resulta fascinante su capacidad para utilizar conceptos en la creación de sus colecciones como “Jack el destripador”, Juana de Arco, el levantamientos de los jacobitas en el siglo XVIII,o los despejes de las tierras altas del siglo XIX, que pueden apreciarse en la colección “The Highland Rape” (la violación de las Highland). A esto hay que sumarle sus desfiles, con una increíble teatralidad y escenografía que llegaban a parecer auténticas películas.
Es innegable la fascinación de Jorge de Luis por el diseñador, que se acentúa ante el descubrimiento de la afición compartida con McQueen por el pianista Michel Nyman y la banda sonora de El Piano.
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